Tener un hijo… Tal vez sea la más sabrosa ironía humana. Es un aporte a la sociedad de la cual renegamos pero que, a diario, nos cobija y de la cual somos parte integrante.
Con esta nueva cuota de esperanza le damos continuidad a todo aquello que somos, que amamos, pero también a aquello que callada y celosamente cambiaríamos si volviésemos a nacer.
Tener un hijo… Tal vez sea la más sabrosa ironía humana. Es un aporte a la sociedad de la cual renegamos pero que, a diario, nos cobija y de la cual somos parte integrante.
Con esta nueva cuota de esperanza le damos continuidad a todo aquello que somos, que amamos, pero también a aquello que callada y celosamente cambiaríamos si volviésemos a nacer.