Para mi hija

•agosto 31, 2013 • Dejar un comentario

Yo fui el que con un ojo rompía tanto espejo enfrentado.

Yo creí que con una manito de mí lograba estrujar al mundo.

Yo, ése no sé cuál yo, creí contener más que el universo en

un corazón que creía más grueso que la luna que atardece.

Pero vi que no había más nada nada que amor en eso ése yo.

Y que el amor es mi molécula o la estructura:

no rompe espejos, no rompe nada; más bien construye;

no aprieta o encarcela nada, menos ése todo el mundo,

no contiene el inefable tamaño del cosmos, más bien lo abraza;

y no cabe en la gorda luna que por la tarde sube

sino que la toca como un disparo de ternura, de lado a lado.

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No me gustan los títulos ya

•agosto 31, 2013 • Dejar un comentario

Era una mañana
y hubo mucho más
soles que durante
las otras que había visto.

Cuando todos esos los soles subieron
los árboles nos tiraron sobre
los pelos ésos los de nuestras cabezas
las réplicas de sus moléculas
como sombras bienvenidas.

Pude ver a mi progenie
en cada ensombrecida
alegría del follaje
y supe que era casi feliz.

TODOS LOS QUE SOLÍA SER CON VOS

•mayo 31, 2013 • Dejar un comentario

Mi corazón se levantará
peleará tras tu escape último.

Yo recordaré tu excelente cintura,
la sinuosidad de tu cadera,

Yo seguiré viendo ese trasero
estampado en el frontal de mi cerebro.

Pensaré -pienso- en esa noche,
emplazados en una cama ajena,
que me leías la Rayuela de ese Julio tan amado.

Y repetiré que siempre fuimos ajenos:
yo viejo, anclado casi en los cuarenta,
con un secreto y un lenguaje imposible de mostrar;
vos, de agotadores, voluntariosos veintiseis,
vos, vos, vos, vos y vos sin parar,
a bailar contemporánea, a azotar los pisos
con tu pie flamenco, y desmontar,
licuar la mirada de los comunes hombrecitos
fascinados con los diamantes de tus piernas.

Y advertiré que nada, ni los recuerdos,
me pertenecen, y me convertiré en un
hombre sin derechos sobre tu luz o tu oscuridad.

Y no sabré más quién soy.
Me habré ido, sin los seres que solía ser con vos.

NOMBRES

•abril 30, 2013 • Dejar un comentario

Un sustantivo: esa hueca esponja
donde se atestan las astillas del mundo.
Mi nombre: una vacilación,
el intento en duda,
en desespero ya,
los huecos,
la reunión impotente,
los granos de sonidos
que por el universo discurren:
duran las horas que seguro ignoro.

Y es que yo,
yo me sostengo
–contra todo–
de mis fósiles metáforas,
sus agotados cimientos,
de una razón sin el rosado de su granito,
su aterrado ladrillo en que apila
mentira sobre mentira.

Mi nombre, en verdad,
sujeta apenas un verbo:
el descorazonado intento
por extender la huella
de un cuerpo efímero,
el sonido de un capricho
que nada nombra
y tanto inventa.

FUNDO

•septiembre 23, 2012 • 1 comentario

No he conocido la revuelta
arquitectura del orden.
Con la insurrección
intento un hombre.
Un muchacho
con la razón de
todos los espejos rota.
De un cuerpo ya lastimado,
menos entero que en el nacimiento.
Ya lo sé, lo que he visto de mí
es sólo eso:
apenas un verbo de historia.
Hoy sueño una casa,
la mujer que desespero,
el amigo o su abrazo
ya partido,
la comodidad
de un nombre que desquiero,
y barrunto una frase
y construyo los ámbitos.
Y alambro el pensamiento,
y cierro la puerta de la voz,
y en soledad destruyo como amo,
y fundo como reniego.

BIOLOGÍA DE LA LIBERTAD

•septiembre 23, 2012 • Dejar un comentario

Y qué idiotas se muestran las razones.
Y cómo pregna la oscuridad esos los motivos disimulados,
los espasmos del corazón.
Y cómo la biología mastica la voluntad,
traga nuestra elección.
Y cómo los albedríos sucumben al placer.
Y cómo la libertad es esa diplomacia del deseo
empeñado en la imposición,
en el hambre de sujetar,
asolar aún a los queridos, los admirados, los adorados
con igual álgebra que ignora a los despreciados,
los odiados, los arrencorados, los desocorrespondidos…

Y cómo nuestra ciencia extranjera
no imagina pisar el pavimento de las heridas,
el territorio de esa nuestra libertad,
esa nuestra carcelaria dignidad.

II

•junio 17, 2012 • Dejar un comentario

Dónde andará el cuerpo
que te sostiene.

Qué habrá de reír la tarde.
Con quién comerán
los dientes de tu retrato.

El filo de esa nariz
a quién apunta,
para quién la pregunta
de tus cejas,
el flaco abrazo
de tu forma.