Para mi hija


Yo fui el que con un ojo rompía tanto espejo enfrentado.

Yo creí que con una manito de mí lograba estrujar al mundo.

Yo, ése no sé cuál yo, creí contener más que el universo en

un corazón que creía más grueso que la luna que atardece.

Pero vi que no había más nada nada que amor en eso ése yo.

Y que el amor es mi molécula o la estructura:

no rompe espejos, no rompe nada; más bien construye;

no aprieta o encarcela nada, menos ése todo el mundo,

no contiene el inefable tamaño del cosmos, más bien lo abraza;

y no cabe en la gorda luna que por la tarde sube

sino que la toca como un disparo de ternura, de lado a lado.

~ por Jorge Concha Lozano en agosto 31, 2013.

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