PRIMERA

•junio 17, 2012 • Dejar un comentario

Si este rugoso dolor

cediera su raspaje,

me limpiara el alma,

frenase una décima de metro,

me sacara la bolsa de muerto,

se transformara en algo,

un perro que me comiese,

un quirófano

que me cambiara el corazón,

lo congelase un par de décadas.

 

Si este dolor

fuese una mano limpia,

una piel lisa,

un trapo gastado,

un árbol de palabra

o fresco como sombra.

 

Si el áspero dolor,

el perro dolor,

si la escritura del dolor

me borraran los rastros,

los rostros,

la costra horrible de los recuerdos.

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Lucidez y voluntad

•diciembre 12, 2011 • Dejar un comentario

Parece así: que la lucidez de un escritor suele contrastar con su poca voluntad. Y es esa amenaza de la pereza la que atenta contra el principio de una obra digna.

Realidad

•diciembre 1, 2011 • Dejar un comentario

Lo real es lo que nos importa. El amor, por eso, es real.

Vacío, un sentido posible

•octubre 25, 2011 • Dejar un comentario

Sólo lo vacío se llena. La matriz clave del sentido es el vacío.

Amor como espanto o destiempo

•octubre 25, 2011 • Dejar un comentario

Ya no puedo señalarte con estos ojos:
sospecho que no debo intentar mirarte.

Sobran las muecas del corazón:
no es posible sonreirte ahora.

No queda una pena, o el resto de labios:
no es cuestión ahora y ya besarte.

Mis brazos no son el calcio, la célula:
me extravío en la tentación de tocarte.

Mis palabras: una bulla muda:
escaparon todos mis sonidos.

Inútiles las estrategias que me salven:
me estraga todo tu corazón simultáneo,
conspira tu cielo como un abrigo mayor,
crece el espanto de tu amor como una alegría total.

PRIMERA

•julio 21, 2010 • 1 comentario

Esos labios así de desenvueltos que María esparce por donde anda pierden el agresivo volumen cuando afloja su demorada carcajada. Se vuelven más finos. Bengler piensa que es imposible besar a una mujer de boca tan presente. O, tal vez, a una mujer tan fuerte, tan oscura, tan terrible o linda. Mi amigo describía muy bien su cuerpo: Sus tetas entrarían en sus manos si formara un cono con ellas. La medida perfecta, ¿no?, diría Bengler meses después.

(de El fervor del artesano, novela en proceso. Fragmento del capítulo primero).

ODA A LA MARAVILLA VII

•marzo 24, 2010 • 1 comentario

(Ejercicio)

Hace unos meses, hoy o cuarenta mil años atrás, yo me olvidé de mi pasado. Así lo es: yo soy un  hombre sin memoria. Y me gusta, sí, me agrada repetirlo: ¡soy un cuerpo sin recuerdos! / Mañana, dentro de tres o cuatro meses, de setenta u ochenta mil años, nada habrá cambiado: yo ya dejé de enraizar planes bajo la tierra de mis mañanas. / Por tanto, soy un hombre sin proyecto. Y más aún: soy un hombre sin futuro. Y vaya que me gusta repetirlo: ¡soy un hombre sin futuro! / Y esto es la alegría: escuchen la alegría. Hubo un Misterio que decidí explorar. (Y no todos los misterios conducen hacia la alegría). Y estudié ese Misterio; y trabajé con la aplicación de un alumno ejemplar, sí. Y el Misterio me trago. Y me gustó que me engullera: nada de lo que mi ojo o palabra había estudiado sobre Él se le hubiera aproximado. / Nunca pude entenderlo: la Maravilla me había ya alcanzado. Y no necesité más mi nostalgia en la memoria. Ni mi previsión de mañana. La Maravilla me encontró, y para siempre (desde ahora, desde entonces) todos los días serán hoy. Hoy, hoy. Y el miedo habrá escapado.

(del libro Oda a la Maravilla)